De Quejío a las cartas de Lorca


El miércoles de teatro palmeño quedó configurado por una amplia amalgama de matices escénicos se dibujaron en las caras de los interpretes bajo pinceladas de cante, baile, dualidad del personaje representado; pero también broto la música clásica desde una perspectiva poco común. El público infantil fue el primero en tomar asiento para quedar absorto con las coreografías de Da. Te Danza en su trabajo Akari, donde la luz se convierte en el principal protagonista. Un elemento que en constante movimiento no deja de proyectarse en el espacio y en los bailarines, como reflejo de esa “luz interior de cada uno de nosotros” que a través de la danza brilla de un modo especial y único. También en horario matinal, con dos pases en la Sala Andalucía, la Petit Teatro actuó para las familias con Clown sin tierra; el título encierra la huida de dos payasos en busca de la felicidad, Nasu y Bari intentarán coger el tren que les llevé hacia el Norte.
La poesía hizo su aparición en Lorca. La correspondencia personal. En ella, Histrión Teatro hizo un recorrido poético con contrastes de alegría y tristeza, vitalidad o desesperación, e incluso amargura y dulzón. La figura de un Lorca desdoblado en hombre y mujer se encarnó en dos actores que definieron ese bucle de teatro dentro del teatro propio del dramaturgo granadino. Más tarde, el interior del teatro Coliseo albergó el carisma y la fuerza característico de Salvador Távora trasladada a una creación de hace 45 años: Quejío. Un espectáculo que se estrenó hace prácticamente medio siglo, pero que la compañía Hiperbólicas junto a Távora Teatro Abierto han vuelto de rescatar del pasado como muestra de “un clima angustioso, en el que se producen el cante, el baile, el lamento o la queja del pueblo andaluz”, define su autor, Salvador Távora. Un esquema abierto a la aportación de vivencias individuales que surgió “sin palabras, sin tiempos ni actos calculados por condicionamientos”, detalla. Estas dos obras de la tarde-noche pusieron un marcado acento andaluz a la programación.
En el exterior, el paseo Alfonso XIII se convirtió en un pequeño taller de costura gracias a La Dama de Trapos, una trama interpretada de la mano de Alas Circo Teatro en la que surgen enigmáticos seres –monstruos, hadas, duendes, troles- con cualidades circenses. El circo dio paso a la danza, en concreto, la que disfrutaron los asistentes a la Sala Reina Victoria donde Fernando Hurtado desarrolló El paraíso de los necios; una coautoría que el artista comparte con Miguel Palacios. Paralelamente, en los jardines Reina Victoria, Lapso Producciones expuso un modo inusual de tratar la música clásica con Clásicos excéntricos, una manera de acercar estos sonidos a todos los públicos mediante la originalidad del clown mezclada con la sonoridad de instrumentos como la Bocicleta Perifónica, el serrucho musical, el Vidriolín Copodivarius o el Campanófono Sostenente de Cola, entre otros.
Como última interpretación, la de Rosario Pardo en Los días de la nieve. En esta dramaturgia, la actriz da vida a la costurera Josefina Manresa cuyo amor es Miguel Hernández; todo transcurre mientras ella termina su último pedido, un vestido azul de mar.