Kimé participa en Riomundi

Sábado, nueve de junio. A las ocho y media en punto de la tarde. Junto a la Torre, el Guadalquivir espejeaba el brillo de un sol espléndido de primavera. Y entonces un grito feroz rompió el aire. Trescientas gargantas, trescientos rostros dominados por la concentración, trescientos movimientos firmes, rápidos, rotundos. Acababa de comenzar la exhibición que los clubes de karate de toda la provincia de Córdoba regalaban a su ciudad y a sus gentes.
Un momento antes, el silencio de un público masivo, la entrada ordenada de los karatekas al inmenso tatami, la presencia de los maestros, los saludos de un respeto reverencial. Y un momento después, terminado el primer ejercicio, las miradas cómplices de los compañeros, las risas frescas de los niños y el aplauso unánime de los que sentían lo que allí estaba ocurriendo.
El río traía a Córdoba el karate como antes había traído la vida y la civilización. Con el trasfondo de los ríos del mundo hermanados en este festival, las personas se hermanaban también en torno a un magnífico deporte que por fin será olímpico y que, como el río, une a personas de todo el mundo.
El karate mostraba a todos sus credenciales: salud para el cuerpo y la mente, energía, respeto y disciplina, compañerismo, amistad. Valores del deporte y valores universales. Los valores de la vida. Porque, como afirmaba Álvaro Cid, presentador del acto en el discurso inicial, el karate, como el río, es vida.
A partir de entonces los seis clubes de karate presentes de toda la provincia de Córdoba mostraron lo mejor de su práctica, transmitiendo la plasticidad y sabiduría de este deporte y arte marcial ancestral. Maestros, karatekas experimentados, pero sobre todo niños, que regalaban al público una madurez sorprendente unida a la alegría.
Al terminar cada ejercicio, el aplauso de un público que no menguó en ningún momento de la hora y media que duró el evento. Y al terminar, la satisfacción en los rostros de todos. La satisfacción del trabajo bien hecho y de haberse vuelto a encontrar una vez más como lo que son, amigos.
Toda la provincia unida por las artes marciales, cuyas federaciones han trabajado codo con codo en este festival Riomundi. Tras el karate, el kickboxing llenó el tatami alargando la tarde hasta la noche. Lamentablemente, dos exhibiciones más, de judo y taekwondo, que prometían un nivel altísimo dado su arraigo en Córdoba, habían tenido que ser suspendidas a causa de la meteorología. Pero al fin, por encima de todo, todos uno. Siempre. Un orgullo para una tierra.